Durante la comida, el cielo se desplomo sobre
nuestras cabezas, un chaparrón tremendo hacia que no viésemos el mar que teníamos
a escasos 50cm.
Sobra decir que lo bien que se come y se bebe en
cualquier punto de la geografía gallega, pero como no me parecebien hacer fotos en la mesa, os conformareis
con las gotas del cristal.
Durante la comida, el cielo se desplomo sobre
nuestras cabezas, un chaparrón tremendo hacia que no viésemos el mar que teníamos
a escasos 50cm.
Sobra decir que lo bien que se come y se bebe en
cualquier punto de la geografía gallega, pero como no me parecebien hacer fotos en la mesa, os conformareis
con las gotas del cristal.
Decidimos pasar un día en familia no muy lejos, así
que viendo que el tiempo no era el más adecuado para viajar, decidimos que poco
más de media hora en coche era más que suficiente.
Amaneció con abundantes nubes y algún que otro claro,
y los chaparrones nos acompañaron durante todo el día, aunque eso, no nos
impidió disfrutar al máximo de nuestra escapada.
Y para que luego digan que en Galicia ya nada es lo
que era, que la cultura popular se va perdiendo, que las supersticiones
desaparecen, etc., etc.…
Los más pequeños pusieron la anécdota de la tarde, en
un cruce de caminos (4 para ser más concreto), y jugando con las yerbas
cortaron ruda (con ese olor tan desagradable), por suerte que poco antes había cortado
chopo y hortelán (son hierbas aromáticas que se usan para el cacho de San Juan)
así que se tuvieron que frotar las manos con estas para eliminar el
desagradable olor de la ruda.
Que la ruda estuviese plantada en los cruces, no es
casualidad, pues en los cruces de caminos se solía plantar para espantar las
meigas (a falta de cruceiros).